El Seminario Teológico Bautista comenzó en la Iglesia Evangélica Bautista de Salamanca en el año 1984. En 1989 se trasladó a la Iglesia Bautista Vida Nueva en Chacarilla del Estanque. En el 2001, junto con la Iglesia Bautista Vida Nueva de Monterrico, entró a un nuevo local en Las Laderas de Valle Hermoso. Fue fundado para servir a las iglesias bautistas independientes en la capacitación de líderes para un ministerio eficaz en las zonas urbanas. Cientos de estudiantes de más de treinta iglesias han estudiado en sus aulas.





MISIÓN

 

La misión del Seminario Teológico Bautista es apoyar a las iglesias en la formación de pastores, misioneros y otros líderes con un alto nivel académico, un ejemplar carácter cristiano y una amplia visión misionera, quienes estén preparados para alcanzar al mundo con el mensaje del glorioso evangelio de Cristo.





DOCTRINA

 

ARTÍCULOS DE FE
ART. 1 Referente a las Sagradas Escrituras
Creemos que las Escrituras del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, en los manuscritos originales, fueron inspirados por Dios en todas sus partes y en las mismas palabras que se escribieron. Creemos que Dios, quien es la Verdad, se comunicó por medio de hombres controlados por el Espíritu Santo de tal manera que las Escrituras están sin error y, por lo tanto, tienen autoridad absoluta en todo lo que enseñan y en todos los asuntos que tocan. Creemos que la Biblia es la revelación suprema de la voluntad de Dios para con los hombres, y por lo tanto constituye la única guía infalible de fe y práctica. Mateo 5:18; 15:4-6; Marcos 12:36; Juan 10:34,35; Hechos 1:16; Romanos 3:1-4; Gálatas 3:16; II Timoteo 3:16; Hebreos 4:12; II Pedro 1:19-21; Apocalipsis 22:18,19.

ART. 2 Referente al Dios Verdadero
Creemos en un solo Dios, Creador de los cielos y la tierra; y que en la unidad de la Deidad existen tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que son iguales en poder y gloria, pero que realizan diferentes oficios con relación a la gran obra de la redención. Génesis 1:1; Éxodo 20:2,3; Deuteronomio 4:35; 6:4; 32:39; Salmo 2:7-9; Isaías 45:14; 46:9; Mateo 3:16,17; 28:19,20; Juan 1:1-3; 5:36-40; Romanos 1:1-6; I Corintios 8:6; Efesios 1:3-10; 4:3-6.

ART. 3 Referente al Señor Jesucristo
Creemos que el Señor Jesucristo, el eterno Hijo de Dios, fue concebido por el Espíritu Santo y nació de la virgen María, en una manera en que ningún otro hombre haya nacido ni pueda nacer de una mujer. El es Dios mismo, siendo “Dios manifestado en carne”. Vivió una vida totalmente sin pecado, y en su muerte proveyó una expiación completa y vicaria. Murió no como mártir, sino como un substituto voluntario en lugar de los pecadores. Resucitó de los muertos al tercer día y ascendió corporalmente a la gloria. Vendrá otra vez para arrebatar a sus santos y para sentarse sobre el trono de David y establecer su reino. El arrebatamiento es inminente y será en forma personal, antes de la Gran Tribulación y antes del Milenio. Isaías 7:14; Mateo 1:18-25; 28:6; Juan 1:1; 14:3 ; Hechos 15:16; I Tesalonicenses 4:16; I Tesalonicenses 2:6-8; I Pedro 2:22; 3:18.

ART. 4 Referente al Espíritu Santo
Creemos que el Espíritu Santo es una Persona divina que posee todos los atributos de personalidad y de deidad. El es de la misma naturaleza que el Padre y el Hijo. En relación con los incrédulos, él les convence de pecado, de justicia y de juicio. Es el Agente del nuevo nacimiento, y su obra en los creyentes es la de morar en ellos, llenarles, guiarles, enseñarles en los caminos de justicia, y ser en ellos el sello de Dios. Creemos que hay una distinción entre el ministerio del Espíritu Santo en los días del Antiguo Testamento y su ministerio en la edad de la Iglesia. Existe una obra nueva y única del Espíritu Santo en relación con el cuerpo de Cristo. Creemos que en el momento de la conversión el Espíritu Santo da a cada creyente dones para el servicio espiritual. Creemos que la Biblia no enseña que los dones que eran para señales a los judíos (los de profecía, de lenguas, de interpretación de lenguas, de hacer milagros y de sanidad) sean para hoy. Además, creemos que la Biblia repudia el actual “movimiento carismático” con su teología basada en las experiencias y su práctica orientada hacia el ecumenismo. Juan 7:39; 14:16,17,26; Hechos 1:5; Romanos 12:3-8; I Corintios 12:8-13; 12:28-31; 13:8-12; Efesios 1:13,14; 4:7-11; Hebreos 9:14; Apocalipsis 22:18,19.

ART. 5 Referente al hombre
Creemos que las Escrituras enseñan que el hombre fue creado por medio de una acción directa de Dios, y no de una forma de vida que ya hubiera existido. Por su transgresión voluntaria, el hombre cayó de su estado de inocencia; como consecuencia de esto, todos los hombres ahora son pecadores por naturaleza y por elección propia, totalmente carentes de la justicia requerida por la ley de Dios, e inclinados hacia el mal; y que, por lo tanto, están bajo la justa condenación de eterno castigo, para una existencia eterna separados de Dios, sin defensa ni excusa. Génesis 1:27; Romanos 3:23; 5:12-19; Isaías 53:6.

ART. 6 Referente a la salvación
Creemos que las Escrituras enseñan que la salvación de los pecadores es iniciada por Dios, que es enteramente por gracia, y que se efectúa únicamente por medio de la obra mediadora del Hijo de Dios; que dicha salvación se concede totalmente aparte de las obras del hombre, a la persona que, con arrepentimiento genuino, pone su fe en el Señor Jesucristo. Para ser salva, la persona debe nacer de nuevo, siendo regenerado por medio del Espíritu Santo por la fe en la Palabra de Dios, recibiendo así una naturaleza nueva; que la justificación es la gran bendición que Cristo otorga por medio del Evangelio a todo aquel que cree en El; que dicha justificación es la acción judicial de Dios, acompañada del perdón de pecados y la imputación de la justicia divina, no por causa de algunas obras de parte del pecador, sino solamente por la fe en la sangre del Redentor; que el creyente que ha puesto su fe en el Señor Jesucristo queda totalmente justificado y posee una salvación que es eternamente segura. Juan 3:3-6; 3:16; 10:28,29; Hechos 13:39; Romanos 2:4; II Corintios 7:9,10; Efesios 2:8-10; I Timoteo 2:5,6; Hebreos 4:2; I Pedro 1:18-23; II Pedro 1:4.

ART. 7 Referente a la Iglesia
Creemos que las Escrituras enseñan que la Iglesia de Jesucristo es una entidad distinta de la nación de Israel en el Antiguo Testamento, y que fue inaugurada en el día de Pentecostés; que se le debe considerar en dos aspectos: la iglesia local y “la iglesia, la cual es su cuerpo”. La iglesia local es una congregación de creyentes bautizados, asociados por medio de un pacto en la fe y la comunión del Evangelio, que cumplen las ordenanzas de Cristo, son gobernados por sus leyes, y ejercen los dones, derechos y privilegios que se les han otorgado según su Palabra. Sus oficiales bíblicos son pastores (a los cuales la Biblia a veces les llama obispos o ancianos) y diáconos, de quienes los requisitos, derechos y responsabilidades son definidos en las epístolas a Timoteo y Tito. La clara enseñanza de la Biblia es que el oficio de pastor se limita a los hombres en la iglesia. Dios ha asignado el liderato y la autoridad en la iglesia local a los hombres de la iglesia. De la definición de la iglesia local que acabamos de presentar se desprenden ciertas verdades distintivas bíblicas acerca de la iglesia, a saber:

1. Las Escrituras de la Biblia como la única autoridad en cuanto a la fe y práctica de la iglesia.
2. La autonomía de la iglesia local;
3. El bautismo sólo de creyentes y por inmersión en agua, antes de otorgar membresía en la iglesia local;
4. Dos oficios en la iglesia local: pastor (obispo, anciano) y diácono;
5. Dos ordenanzas simbólicas: el bautismo y la Cena del Señor;
6. El sacerdocio individual de cada creyente, y la libertad de conciencia de cada alma;
7. La iglesia y el estado como entidades separados, no vinculadas.

La “iglesia, la cual es su cuerpo” se refiere al conjunto de todos los creyentes en Cristo, sean judíos o gentiles, sin tomar en consideración su afiliación denominacional ni su ubicación actual, sea en los cielos o en la tierra. Mateo 28:19,20; Hechos 1:5; 2:1-4; 2:41,42; Hechos 10:44,45; 11:15,16; 1 Corintios 12:13; Efesios 1:22,23; I Timoteo 2:11-14; capítulo 3; Tito, capítulo 1; Hebreos 12:23.

ART. 8 Referente al bautismo y la Cena del Señor
Creemos que las Escrituras enseñan que el bautismo cristiano consiste en la inmersión del creyente en agua una sola vez, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, para demostrar por medio de un emblema solemne y hermoso la identificación del creyente con Cristo, simbolizando así su muerte en cuanto al pecado y su resurrección a la nueva vida. El bautismo es un requisito para poder llegar a ser miembro de la iglesia local y participar en los privilegios correspondientes. Creemos que la Cena del Señor es la conmemoración de la muerte de Cristo hasta que él venga, y que antes de participar de la Cena el creyente debe examinarse a sí mismo en la forma más solemne. Sólo los creyentes tienen el derecho de participar en la Cena del Señor. Las ordenanzas de bautismo y la Cena del Señor deben ser administradas sólo bajo la autoridad de la iglesia local. Hechos 8:36-39; Romanos 6:3-5; I Corintios 11:23-28.

ART. 9 Referente al estado eterno
Creemos que las Escrituras enseñan que los muertos, tanto los justificados como los injustos, resucitarán en forma corporal. Todos los que han sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo pasarán la eternidad gozando plenamente la presencia de Dios, y los que por impenitencia e incredulidad rehúsan recibir la oferta de la misericordia de Dios pasarán la eternidad en el castigo eterno. Salmo 16:11; Mateo 25:46; Juan 5:28,29; 14:2; Apocalipsis 20:14,15; 21:4.

ART. 10 Referente a Satanás
Creemos que las Escrituras enseñan que existe una persona, el diablo, quien es “el dios de este siglo” y “el príncipe de la potestad del aire”, lleno de toda sutileza, que continuamente procura frustrar los propósitos de Dios y cautivar a los hijos de los hombres; que él fue vencido por Cristo cuando éste murió en la cruz, y que está condenado al castigo eterno. II Corintios 4:4; 11:13-15; Efesios 2:2; Hebreos 2:14; Apocalipsis 12:9.

ART. 11 Referente a la separación personal
Creemos que las Escrituras enseñan que todo creyente debe separarse del mundo para Dios y, con la ayuda del Espíritu Santo, debe andar en el amor y la santidad cristiana, demostrando las características de honestidad, integridad, perdón y bondad. Además, creemos que cualquier avance en la demostración de estas características debe ir acompañado de humildad sincera y celo genuino para el avance de la causa de Cristo. Creemos también que las Escrituras amonestan a cada creyente a que no ame al mundo ni las cosas que están en el mundo, sino mas bien que huya de los deseos malvados, que evite toda clase de maldad, y que abstenga de prácticas dudosas que podrían destruir su testimonio, ofender a su hermano, o dejar de glorificar a Dios. Proverbios 15:3; Romanos 14:19-21; I Corintios 6:18-20; 8:9-13; 10:23-33; II Corintios 7.1; Gálatas 5:22-25; Efesios 4:32; 5:1,2; 5:7-10; 5:15-20; Filipenses 4:8; I Tesalonicenses 4:7; I Pedro 5:5,6.

ART. 12 Referente a la separación eclesiástica
Creemos que las Escrituras enseñan que el creyente debe separarse de la apostasía tal como se manifiesta en las organizaciones eclesiásticas que incluyen radicales, modernistas y liberales, y de los que promueven el compromiso con el error teológico. Esto se basa en el principio divino eterno de división entre la verdad y el error, y los mandatos específicos de Dios a que el creyente se separe de los incrédulos y de los creyentes desobedientes. Esta verdad debe practicarse con una actitud de devoción a Dios, de humildad, y de compasión, pero a la vez con convicción firme, con el fin de crear la condición y el ambiente correctos para poder alcanzar el objetivo deseado, es decir, la salvación de las almas perdidas por medio del Evangelio de Dios. Creemos que el evangelismo ecuménico que involucra tanto a apóstatas como a creyentes verdaderos es una violación de los principios enseñados en la Biblia. Mateo 10:34-39; 18:15; Romanos 16:17; I Corintios 5:7-13; II Corintios 6:14; 11:4; Gálatas 1:8,9; I Timoteo 6.3-6; II Timoteo 2:16-18; Tito 3:10; II Juan 9-11.





NORMAS ACADÉMICAS

 

1. EXÁMENES Y CURSOS APROBADOS

a. La nota mínima aprobatoria es TRECE (13).
b. De haber alcanzado un promedio menor a quince (15) en el semestre, se limitará el número de cursos que el alumno podrá llevar en el semestre siguiente.

2. EXÁMENES Y CURSOS NO APROBADOS
a. En caso de no alcanzar la nota mínima aprobatoria en el EXAMEN PARCIAL o EXAMEN FINAL, se podrá intentar subsanar la nota mediante otro examen equivalente DENTRO DE QUINCE DÍAS. La nota subsanada será el PROMEDIO de las notas de los dos exámenes, pero en ningún caso MENOR que la nota del primer examen, ni MAYOR que la nota mínima aprobatoria de TRECE (13), aunque fuese mayor el promedio.
b. En caso de no alcanzar la nota mínima aprobatoria para el curso, y habiendo ejercido su opción de subsanar las notas en los exámenes, el estudiante no recibirá crédito alguno para el curso. Tendrá que repetirlo en una próxima oportunidad.
c. El profesor NO está obligado a tomar al estudiante ningún PASO SEMANAL que no haya dado por tardanza o por ausencia. NO habrá opción a subsanar las notas en los PASOS SEMANALES.

3. TAREAS Y PROYECTOS

a. La calificación de cualquier tarea entregada PASADA LA FECHA será castigada.
b. Para PROYECTOS MAYORES se aplicarán las mismas normas de subsanación que rigen para exámenes.

4. ASISTENCIA

a. Si el estudiante entra al salón después de haber comenzado la clase, se le considera TARDE.
b. Si el estudiante entra al salón más de QUINCE (15) MINUTOS después de haber comenzado la clase, se le considerará AUSENTE, aunque quedara para escuchar la clase.
c. TRES TARDANZAS equivalen UNA AUSENCIA.
d. El estudiante que tuviera MAS DE TRES AUSENCIAS entre justificadas e injustificadas, PERDERÁ EL CURSO.

5. OBRA PRÁCTICA

a. TODO ESTUDIANTE participará activamente en el ministerio de su iglesia.
b. Al fin de cada semestre, el estudiante presentará un INFORME ESCRITO de su participación en la iglesia. El informe debe tener el visto bueno del Pastor o dirigente.

6. REQUISITOS PARA GRADUARSE
Haber alcanzado un PROMEDIO GLOBAL mínimo de quince (15) a nivel Discípulo Cristiano y Diploma, o dieciséis (16) a nivel Bachillerato Universitario.